Cada vez que se acerca más la posibilidad de volver este año a ese viaje que ha sido un clásico, me vienen a la mente recuerdos de otros años: caidas casi mortales delante de la fuente de China, los saltos a mi espalda de un amigo en La Selva del Miedo, las borracheras monumentales que hemos pillado y acabar bailando Miranda! como descosidos en alguna habitación, pero sin molestar a los vecinos (a los menores de edad deciros que el alcohol es bueno con moderación, no sigaís el ejemplo de personas como yo, es malo), la primera vez que probamos Furius Baco que creo que casi nos da los mil males por la sensación, bajamos tan flipados del todo... o cuando desentrañábamos los secretos del Templo del Fuego aquella primera vez y tantas anécdotas entre las fiestas de disfraces, la gente, y los que, sin saberlo nosotros, se convertirían en nuestros amigos años después, conocer a alguna persona que ha convivido contigo todo este tiempo...

La verdad es que hay ganas de Voyage otra vez. Pero muchas muchas y con él, que sin él no tiene sentido.

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