Quizá usted no lo sepa, pero hay muchos jóvenes (de edad o de corazón) capaces de recorrer medio mundo para probar una nueva montaña rusa. Busque en internet, algo rápido en Google, y descubrirá -puede que con sorpresa- la cantidad de grupos de fanáticos del vértigo que pueblan la red.
Hace algunos años, justo unas semanas antes de la inauguración del Parque Warner, en Madrid, conocí a algunos de ellos cara a cara para un reportaje que nunca llegó a publicarse. Aquellos chicos ahorraban durante meses para ir a Orlando, a París o a cualquier esquina del planeta de los parques de atracciones donde alguien hubiera construido una nueva máquina de volar. Reconocían sus curvas, sus pliegues, sus miedos. Identificaban cada ciudad por el derroche de adrenalina. Estos días he vuelto a verlos en Port Aventura en la cola de la Furius Baco, la montaña rusa más rápida de Europa, que dicen que acelera de 0 a 135 kilómetros por hora en tres segundos. El pasado día 25 la probó Ricky Rubio, dentro de los actos de inauguración de la nueva temporada del parque, la decimoquinta. Esta mañana, la cola en la Furius Baco rondaba la hora, a la altura de la más veterana, la Dragon Khan. En ambos casos, el folleto del parque las identifica como Atracciones Fuertes, dignas de los cazadores de montañas rusas. Llegan entre risas, con leves empujones, con comentarios aparentemente nerviosos:
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