"Me esperaba a Lady Gaga". Los comentarios son de una mujer argentina, fan de la cantante norteamericana, que sale junto a su pareja del Museo de Cera de Barcelona. "Estaba un poco anticuado", comenta una familia inglesa. Lo saben ellos y lo admiten los propietarios del centro, que se plantean sacarlo a la venta porque necesita una reforma para la que no tienen suficiente dinero. Las visitas van cayendo, han tenido que cerrar una tienda e incluso la suerte parece haberles dado la espalda: un grupo de narcotraficantes ocupó uno de los pisos que usaban como almacén (aunque ya vuelve a estar vacío). Es la historia de un negocio que, como algunos de sus protagonistas de cera, se ha quedado anclado en el pasado.

Las primeras figuras que el visitante se encuentra al entrar en el recinto, previo pago de 15 euros, ya dan una pista de que no son precisamente celebrities actuales las que pueblen sus estancias. Los papas Juan XXIII y Juan Pablo II –ni siquiera sus dos sucesores– dan la bienvenida a un museo que no incorpora a ningún nuevo personaje desde hace 13 años (el último fue el doctor Livingstone). No es que no esté Trump, es que ni siquiera está Obama. Ni Messi, ni Pau Gasol ni ningún otro icono de la Barcelona postolímpica.

De Cristóbal Colón a Sara Montiel, de Josep Tarradellas a los dictadores del siglo XX, las figuras del Museo de Cera de Barcelona congelan los protagonistas de otro mundo. Esta fue siempre la idea de la dirección del museo, que aseguraba que su modelo era inmortalizar a los clásicos y no estar al día de figuras de famosos, como hacen el Madamme Tussauds de Londres o el Museo de Cera de Madrid. Pero con un público cada vez más turista y menos local, sus gestores saben que el museo ha llegado al punto que necesita una renovación urgente que cuesta una fortuna.

Esto último lo detalla a eldiario.es el apoderado de 'Museo de Cera de Barcelona S.A.', Pere Sánchez. "El museo necesita reformas estructurales importantes y en este momento no disponemos de los medios para hacerlo", expone este responsable, que explica que disponen un proyecto para renovar figuras y decorados pero que ahora mismo está paralizado por falta de recursos. Su salida ideal sería que entrara un socio capitalista que asumiera el reto, pero ante la dificultad de encontrarlo han planteado la venta. El próximo 26 de mayo han convocado Junta de Accionistas para examinar y aprobar la transmisión total o parcial de un negocio que está en retroceso.

El museo no es una ruina –"gracias a Dios, funcionamos", expresa Sánchez–, pero sí está en declive. En 2016 la sociedad hizo 100.000 euros de beneficios y, en 2017, sólo 14.000. Una caída que en el museo atribuyen a los atentados yihadistas de aquel año Rambla. Las visitas pasaron de 200.000 a 160.000 en ese mismo periodo y, según sus datos, siguieron bajando hasta 150.000 en 2018. Pero la facturación anual de la empresa no tiene que ver sólo con los tickets que vende ni con las actividades temáticas que organiza, sino con otras dos fuentes de ingresos: el Bosc de les Fades [Bosque de las Hadas], un bar ubicado justo al lado y ambientado acorde con el nombre, y el Passatge del Temps [Pasaje del Tiempo], una suerte de tienda que ofrece objetos curiosos y de diseño. 

El responsable de la empresa admite a este diario que el negocio "se apoya" sobre todo en el bar, abierto en 1993 a rebufo del boom olímpico en la ciudad. La tienda Passatge del Temps, lanzada en 2009, permanece cerrada desde principios de 2019. Sólo la abren algunos fines de semana. "Pero no da ya negocio", apura Sánchez. En total, el museo tiene empleados a 42 trabajadores. Contactados algunos de ellos por este diario, aseguran desconocer los planes de venta de sus responsables más allá de los rumores. 

El sueño de un escenógrafo

El Museo de Cera de Barcelona es el sueño de un escenógrafo madrileño, Enrique Alarcón, que vio en este histórico palacete neoclásico el escenario idóneo para crear un museo de estas características. En un emplazamiento privilegiado, una pequeña plazoleta a la que se accede a través del pasaje de la Banca, que da a la Rambla, el inmueble había sido sede del Banco de Barcelona y luego de la filial Crédito y Docks.

Alarcón era arquitecto pero se dedicó toda su vida al cine y a los decorados. Del edificio en el que iba a crear el Museo de Cera le atrajo, entre otras cosas, el misterio que desprendían algunas de sus estancias. "Le recordaba a las películas inglesas en que los crímenes sucedían dentro de los museos de cera", explicó la directora, Carmina Vall, en una entrevista en La Vanguardia refiriéndose a House of Wax (1953). Años después, en 2012, se rodaría entre sus paredes la película de terror Wax.

En la actualidad es el hijo de Alarcón, que lleva su mismo nombre, el que figura como administrador solidario de la empresa que fundó el padre. 

Un piso ocupado por 'narcos'

Entre los puntos fuertes de este museo, uno de los pocos de titularidad privada que hay en la Barcelona junto con el del Barça, están sus activos inmobiliarios, situados a diez segundos andando del paseo más famoso de la capital catalana. Además de los que acogen el Museo de Cera, el Passatge del Temps y Bosc de les Fades, todos en la misma plaza, poseen también un bloque de pisos en la calle Anselm Clavé.

Fue precisamente ese bloque el que hizo saltar el museo a los titulares de los medios barceloneses cuando se dio a conocer en mayo de 2018 que uno de los pisos había sido ocupado por un grupo de traficantes de droga. Era una vivienda que el museo usaba como almacén y que cayó víctima del fenómeno de los narcopisos en el centro de la ciudad: 'narcos' que ocupan viviendas vacías para convertirlas en puntos de distribución de droga. Los Mossos d'Esquadra la devolvieron a sus propietarios tras una macrorredada en varios pisos a finales del año pasado.

Pero no todo han sido malas noticias para el museo. El puesto de venta de que disponen en la Rambla no se verá afectado por la reforma del paseo impulsada por Ada Colau. Pese a que plantea una reordenación de buena parte de los quioscos, este pequeño puesto no tendrá que moverse, según fuentes del Ayuntamiento. 

Fuente: eldiario.es

https://www.eldiario.es/catalunya/Museo-Cera-Barcelona-declive-negocio_0_894160923.html

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