Hoy por la tarde decidí ir al Parque de Atracciones de Madrid para dar una vuelta. Por ser un lunes, había poquísima gente, no más de 3000 visitantes por todo el parque según me comentaron algunos trabajadores, y los tiempos de espera no eran superiores a los 10 minutos en ninguna atracción. Pensé que con tan poca gente era el mejor momento para probar la novedad 2017 del parque, la experiencia de realidad virtual en TNT: el Tren de la Mina, pero inocente de mi, no sabía lo que me esperaba.

A simple vista parecía que iba a hacer muy poca espera, tan solo había tres pasillos del laberinto de colas llenos. Pero al poco rato me di cuenta de lo lentamente que avanzaba la fila. Muy lentamente. Solamente cada 5 minutos nos movíamos. Lo que antes solía ser una cola de 20 minutos se acabó convirtiendo en…¡una hora y media de espera! Y no fui el único en darse cuenta de lo anormal de la demora; a mi frente tenía una pareja de británicos que de cuando en cuando expresaban su malestar por la tardanza. Detrás tenía un trío de gitanos que tuvieron la sana idea de ponerse a cantar al más puro estilo Lola Flores cuando llevábamos una hora de cola, y más adelante una mujer con su hijo gritaba que iba a poner una reclamación. No entendía lo que pasaba hasta que llegue a la estación y pude ver el caos.

Primer error: un solo tren operando. Entiendo que los parques de atracciones tienen que optimizar las operativas según el número de visitantes para ahorrar costes en personal y mantenimiento, ¡pero hay que hacerlo bien! Según pude saber, el segundo tren tan solo se emplea los fines de semana. Este sistema de operativas tal vez fuera eficaz antes, pero ahora que la atracción tiene realidad virtual se ha quedado obsoleto, porque la operativa con realidad virtual lo retrasa mucho todo y hacen falta más trenes para compensar esta perdida de tiempo.

Segundo error: una sola fila para todo el mundo. Es habitual de las montañas rusas VR que en la entrada se segregue entre los visitantes que quieran gafas y los que no. Esto agiliza la operativa al poder preparar a los visitantes antes incluso de que suban al tren. Lo que aquí he visto, sin embargo, es que se pregunta a cada pasajero una vez estaba en el tren si quería gafas o no, lo cual supone una soberana pérdida de tiempo. Pero es que además, problema añadido: la realidad virtual no la pueden usar los mejores de 13 años, y éstos suelen ir al parque en familia, por tanto no se puede separar a los menores que no pueden llevar gafas y sus padres que sí las quieren. Este problema de difícil solución denota que TNT tal vez no sea la montaña rusa ideal para haber implementado esta tecnología.

Tercer error: lentitud del personal. Tras subir a la atracción me quedé un rato en la salida observando cómo trabajaba el personal. La lentitud con la que trabajan es desesperante. Si una atracción VR tiene una carga lenta por su naturaleza, los chicos y chicas que estaban trabajando no hacían el más mínimo esfuerzo por intentar compensarlo; digo esto en comparación con Batman Arkham Asylum, otra montaña rusa de realidad virtual en la que el personal trabaja a un ritmo frenético que da gusto ver.

Otro fallo: el visitante no comprende el funcionamiento de la interactividad de la atracción. En las colas había un video que se repetía (y se repetía y se repetía…) una y otra vez para explicar cómo colocarse las gafas…¡pero no explica nada sobre cómo interactuar con las imágenes! Yo mismo tuve que averiguarlo en medio del viaje, resulta que basta con mirar a los objetivos para "dispararlos"; ¿tanto costaba incluir esa explicación en el video?

Francamente, no hay por donde coger esta terrible operativa; ni siquiera desde un punto de vista empresarial se justifica: uno puede razonar que a cuanta más cola, más ventas de Speedy Pases habrá, pero da la casualidad de que en esta atracción no está disponible el Speedy Pass, con lo que ni así se justifica. Es un grandísimo error que una de las atracciones que más visitantes absorbía del parque ahora sea la que más tiempo de espera tiene, y al Parque de Atracciones de Madrid lo que menos le conviene son atracciones con más tiempo de espera; recordemos la bajísima capacidad que tienen muchas atracciones importantes del parque: Tarántula en torno a 900 pph (personas por hora), Abismo poco más de 500 pph, Tornado 600 pph, Lanzadera algo más de 200 pph…si esto es así un lunes con 3000 personas en el parque, no quiero ni imaginarme lo que será un fin de semana de octubre con la temporada de Halloween y el aforo del parque rozando el completo.

Y ahora valoremos la novedad en sí. Primero, el video no estaba completamente sincronizado con los movimientos del tren, y lo noté especialmente en la primera bajada, en la que el tren baja muy lentamente. Por otro lado, la interactividad es realmente baja, hay muy pocos objetivos. Para colmo, el video se veía borroso, aunque esto último tal vez se deba a que no lo enfoqué bien con la rueda de las gafas. Ni siquiera es coherente con la temática, recordemos que TNT estaba (o se supone que estaba) ambientada como una mina asturiana, y ahora se vende como una aventura de vaqueros en el oeste (una temática que, por cierto, está más que pasada de moda desde que las películas Western perdieron popularidad).

Creo que Parques Reunidos vio en la realidad virtual un forma relativamente barata de atraer más visitantes al parque: tunear la montaña rusa existente para venderla como novedad, y tan es así que han aplicado esta tecnología a dos de sus montañas rusas más populares en España. Y es cierto, una montaña rusa VR puede ser una novedad muy buena si se hace con cabeza como ya expliqué en un blog que escribí hace ya más de un año, pero este desde luego no es el caso. Cualquier mejora tecnológica, tal como yo lo veo, debe ser usada como un medio para mejorar la experiencia y no como un fin en sí mismo. TNT Realidad Virtual es un quiero y no puedo, y muy a mi pesar si no se rectifican los errores, no volveré a pisar esa atracción; he tenido una mala experiencia y no quiero que se repita. De momento, tienen tarea con la queja formal que hice en Atención al Cliente antes de salir del parque.

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