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Visita al Viejo Caserón del Terror

07-11-2016 Parque de Atracciones de Madrid Publicado por torrecillailla

¿Quién no recuerda el Viejo Caserón del Terror? Su sustituto, The Walking Dead Experience es divertidísimo y no me canso de entrar, como fiel fan a la serie que soy. Pero uno no puede evitar sentir cierta añoranza cuando se pone a pensar en lo que esa casa solía albergar. He echado una miradita atrás y he releído alguno de mis antiguos blogs; allí he encontrado una review de una de mis visitas a esta mítica atracción, concretamente, la review data de Halloween de 2012.

He querido compartir de nuevo ese blog con vosotros; ésta vez, eso sí, un poco "tuneado": seréis vosotros quienes vivíais la experiencia con una narración en primera persona. A los que ya visitasteis el caserón: espero poder evocaros un divertido recuerdo. A los que nunca llegasteis a entrar: espero que sintáis el suspense con la misma intensidad que sentíamos todos cada vez que entrábamos en esa casa maldita.

EL VIEJO CASERON DEL TERROR

PARTE 1: Un día de octubre

4 euros. Es el precio que hay que pagar para entrar en esta conocida atracción. En realidad el precio es 4,50€, pero estoy de suerte: es Halloween y me puedo aprovechar de este pequeño descuento.

Una vez sacada la entrada, entro en un laberinto de madera con forma de zig-zag. Veo un grupo de personas delante de mi: les tocará entrar a ellos primero. Espero. Es ya de noche. Al otro lado de la valla veo unas cuantas lápidas torcidas sobre la tierra iluminadas con un tímido foco de luz. Estoy temblando, pero no sé si de frío o de miedo. Llevábamos un octubre de temperaturas bajo cero, pero después de todo estaba a punto de entrar en el pasaje de terror más famoso del país. Exhalo y veo el vaho salir por mi boca. Sí, debe ser por el frío.

Se abre la verja de metal que tengo frente a mi.

- En fila, por favor - Me susurra una figura encapuchada. No le veo la cara. Una vez estamos colocados, nos repite las mismas palabras que repite a todos los temerarios que entran en la casa. - Van ustedes a recorrer un laberinto poco iluminado. No está permitido grabar o hacer fotografías, ni hacer uso de teléfonos móviles u objetos luminosos. Caminen sin correr, sin pararse y sin retroceder. No toquen nada ni a nadie, y nada ni nadie les tocarán a ustedes. Deberán subir las escaleras y tocar tres veces la puerta.

No sé como, pero siempre acabo el primero del grupo en este tipo de pasajes. Subo las escaleras de madera y el grupo me sigue el paso. Allí, en el primer piso, estaba la susodicha puerta. Obediente, llamo tres veces, y apenas he llamado la tercera vez, la puerta se abre lentamente, silenciosa. Para mi sorpresa, no hay nadie detrás de ella. ¿Entro? ¿Espero a que nos llamen? Decido entrar, con cautela. Todos me siguen.

PARTE 2: el Caserón del Terror

La estancia tiene toda la pinta de ser la biblioteca de un caserío, digna de la mansión de un gran señor. Hay estanterías atestadas de libros polvorientos y de gruesos lomos. Entramos todos y esperamos con incertidumbre en el centro de la estancia, delante de una escalera. Y ahí, a lo alto, hay una figura entre las sombras. Tiene un gran sombrero de copa y algo entre brazos. Nadie parece haberse percatado de su presencia salvo yo. Comienza a bajar lentamente, escalón a escalón, y nos mira uno a uno con una sonrisa de oreja a oreja. Me fijo mejor, lo que tiene en el brazo no parece sino un bebé. Para la mirada sobre mi y, sin dejar de mirarme, empieza a hablar.

- Hace tiempo toda mi familia y yo habitábamos aquí, entre estos muros. - Su voz suena amplificada, las paredes vibran cuando mueve la boca - Mi mujer y mi hija murieron poseídas por un demonio. - Acaricia al bebé - Y ahora mi casa, lo que yo llamaba mi hogar, está plagada con seres venidos del inframundo que buscan vengar sus muertes. Agarraos fuerte. - Parece deleitarse con el miedo que nos suscita cada una de sus palabras. Vuelve la mirada a una de las paredes. Pero ya no hay una pared. En su lugar hay un pasillo oscuro. Desde aquí no veo lo que hay dentro. El hombre nos mira de nuevo y con otra sonrisa nos invita a atravesar el pasillo. Entramos.

PARTE 3

Color, mucho color. Es todo lo que veo a los lados del pasillo que veo a mi frente. Alegres bombillas rojas, verdes y azules cuelgan del techo e iluminan la estancia. A mi lado, telas blancas y rojas. Al otro lado, tocadores con pinturas y máscaras con las más grotescas de las sonrisas. Este lugar me trae terribles recuerdos de la infancia, pero ¿por qué? ¿Cómo puede un lugar tan colorido e infantil despertar estas repulsivas emociones? Me quedo helado. Hay una figura delante de mi. Nos mira. Sonríe. Alza la mano con un letal cuchillo y se abalanza sobre nosotros. Espero el ataque pero cuando vuelvo a abrir los ojos la figura ha desaparecido. Payasos. Era un payaso. Y no sabíamos dónde se había metido. Siento deseos de salir de ahí de inmediato. Guío al grupo al final del pasillo. Otra vez. Este ataque vino de lado, pero no es más que un susto que sale por detrás de las cortinas rojas y blancas. Si nos quería matar, antes quería jugar con nosotros. Llego al final del pasillo y tuerzo a la derecha. Otro pasillo. Pero este está llevo de espejos: cóncavos, convexos…en otras circunstancias hubiera sido divertido ver nuestras figuras deformadas, pero no era el momento. Me miro en uno de los espejos, y no veo mi figura reflejada. Ahí estaba él. El payaso había reemplazado mi propio reflejo. Me mira con la cabeza ladeada, curioso, con un machete colgando de una mano. Lo único que quiero hacer es salir de ahí. Llegamos al final del pasillo y nos topamos con unas escaleras. Bajamos.

PARTE 4

Ya no hay color. Ya no hay carpas de circo. Con suerte, ya no hay payasos. Exploramos la nueva estancia. Hojas. Árboles. Plantas. ¿Hemos salido al exterior o seguimos en la casa? Debemos seguir dentro, no podemos haber salido tan pronto. Este lugar parece más tranquilo, pero no puedo evitar estar tenso. Un golpe ensordecedor a mi derecha. Pego un salto. Una figura levanta una pala y vuelve a golpearla contra el suelo. El ser está oculto en las sombras tras una valla. Parece una persona, pero algo no se ve natural en él. Por lo menos está encerrado tras la valla, estamos seguros. El ser suelta la pala y en un abrir y cerrar de ojos abre la valla y nos intenta alcanzar con la mano. Es pútrida, le falta un trozo de carne y chorrea sangre. Espantados por la imagen, corremos por nuestra vida abriéndonos paso entre las plantas. Hemos recorrido unos metros, deberíamos estar seguros. Entonces se oye un rugido y la figura de un lobo de abalanza sobre mi. Nos apresuramos y doblamos las esquinas de unas paredes con nombres grabados en ellas. Son lápidas. Estamos en un cementerio. Una de las lápidas se abre y sale medio cuerpo del ser que nos asustó antes. Intenta alcanzarnos, pero no llega. Exhaustos, avanzamos unos metros más y conseguimos salir del bosque.

PARTE 5

Me adentro en una sala oscura. Me siento observado, pero no hay nadie. Miro arriba. Decenas de cuencas de ojos vacías fijan su mirada sobre nosotros. Son muertos. Y nos miran desde lo alto. Nos rodean. Nos estudian con la mirada. Un triste y lúgubre canto gregoriano inunda el ambiente. Contemplo la estancia: está llena de artilugios de metal y madera. Herramientas de tortura. Ya entiendo. La Inquisición. Estamos en medio de un tribunal. Y nosotros somos los juzgados. Algo se mueve. Una figura encapuchada nos observa detenidamente. Parece que sepa ver dentro de nosotros, que conozca todos nuestros pecados solo con mirarnos. Nos hace sentir culpables. Levanta el brazo y señala el camino a la siguiente sala. ¿Habremos sido perdonados? ¿Será el camino a la salida o tendremos que seguir viviendo este infierno?

PARTE 6

A mi frente, una pared de ladrillo. A mi izquierda, oigo un fuerte sonido: una persiana metálica se abre rápidamente. Tras ella sale una figura, lleva un grotesco sombrero negro y parece llevar varios cuchillos en las manos. No me lo pienso dos veces, salgo corriendo a mi derecha en un intento por salvar la vida. Atravieso un laberinto de paredes de ladrillo. Una nana suena. Invade mi mente.

"Uno, dos, Freddy viene por ti

tres, cuatro, cierra la puerta

cinco, seis, coge un crucifijo

siete, ocho, mantente despierto

nueve, diez, nunca más dormiras"

A mi frente, un espejo. Me paro. No veo mi reflejo. En su lugar, la misma figura que nos amenazó está ahí, detrás del cristal. Me fijo detenidamente. Lleva un jersey de rayas horizontales y un sombrero negro. No lleva cuchillos en las manos. Los cuchillos son sus manos. Y lo más desgarrador es su cara. Su piel está deformada, como quemada. ¿Qué le había pasado a este hombre? Su reflejo aparece y desaparece. La nana martillea mi cabeza, me hace sentir bien, me duerme... Abro los ojos. El hombre ya no está detrás del cristal. A mi espalda, alguien grita. Está a mi derecha. Nos amenaza a todos con sus afiladas cuchillas. Intenta cargar contra nosotros, pero salimos a la huida antes de que nos pueda hacer un rasguño. Caminamos hasta el siguiente horror.

PARTE 7

Una luz parpadeante me ciega. Se hace complicado ver dónde estamos. Noto el viento en la cara, proviene de una ventana abierta. En el centro de la estancia, una cama de matrimonio. Sobre ella, una figura de largo pelo negro y con un largo camisón blanco. Pero no duerme. Se retuerce, rueda, convulsiona. Parece un títere. Se percata de nuestra presencia. Lentamente, se arrastra al lado de la cama donde me encuentro. La esquivo, me desplazo a lo largo de la cama hacia la salida de la habitación. Pero ella me sigue. Nos grita. Nos insulta a pleno pulmón. Salgo de su alcance, me alejo de la cama... Y ella baja de la cama, se pone en pie y camina hacia mi. No creo lo que veo, tal vez las luces parpadeantes me estén jugando una mala pasada. Es una figura de corta estatura. El pelo cubre su cara. ¿Cómo puede vernos? Camina lentamente, pero no se para. Salimos de la habitación. Pero nos sigue. Recorremos un pasillo, torcemos a la derecha. Vuelvo mi mirada atrás, pero ella ya no está. Entramos en la siguiente estancia.

PARTE 8

A mi frente, un pasillo con altas paredes acolchadas. Se escucha una ensordecedora alarma, y una señal se enciende y nos advierte "Peligro, brecha en la seguridad". Pasamos a un segundo pasillo de puertas blancas con un pequeño hueco de cristal. Descubro un hombre sentado en el suelo, lleva una ajustada camisa de fuerza blanca y observa un punto muy fijamente. Pareciera que le fuera la vida en observar ese punto. Vacilo un momento, valoro si es seguro pasar delante de él o no. Decido asumir el riesgo. Paso. El hombre no se inmuta, no parece ni percibir que estamos ahí. Doblamos una esquina y acabamos en otro pasillo. Esta vez hay otro hombre, pero sin camisa de fuerza. Se acerca a nosotros violentamente y se queda a 5 centímetros de mi cara. Me insulta, pero no pierdo la compostura. Sigue insultándome, cada vez más alto y con palabras más ofensivas. Pero yo no respondo. Me limito a seguir caminando, deseando que esta pesadilla acabe ya. Llegamos a un último pasillo con techo en forma de bóveda de cañón, y avanzamos hasta la siguiente sala...

PARTE 9

Nos rodean enormes sacos que cuelgan del techo. No llego a ver su contenido, pero están recubiertos de plástico y manchados de líquido rojo. Miro a mi alrededor. La estancia entera está llena de manchas del mismo color: en el techo, por las paredes, en el suelo...en las paredes hay cuchillos y todo tipo de herramientas afiladas. Con horror, contemplo la carnicería que ha tenido lugar en esta sala. Me doy cuenta de que correremos el mismo destino que esos sacos rojos si no salimos pronto de ahí. Tarde. Un motor arranca a pocos metros de distancia de nosotros. No lo haremos a tiempo. Una figura con un delantal chorreante de sangre sale de detrás de una cortina. Lleva una mascara, y con los dos brazos levanta una moto sierra. Se abalanza sobre mi. Noto el roce de la cadena con la piel. Busco la salida con desesperación, pero no la encuentro. Ya está. Sabía que no conseguiría salir de esa casa. Ha llegado mi hora. Espero con resignación mi fin. Solo espero que sea rápido. Pero entonces lo veo. Una franja de luz en el suelo. ¿Podía ser? Un brote de esperanza me obliga a abalanzarme contra ese trozo de pared y empujo con toda la fuerza que tengo.

La pared cede y salgo al exterior. ¿Había acabado? ¿Había salido de la casa? Miro a mi alrededor y lo vuelvo a sentir: el frío de octubre volvía a invadir cada centímetro de mi piel; oigo risas y gritos de cientos de personas a mi alrededor; miro arriba y veo el cielo estrellado. Nunca había estado tan agradecido de verlo. Me vuelvo para compartir con mis compañeros la aventura por la que acabamos de pasar.

Pero ellos ya no están.

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